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La Perashá de la Semana

Libro Bereshit - Génesis

Vaishlaj 5773

LA HISTORIA DE DINA Y SU CURACIÓN

de la clase Viviendo Con el Tiempo VER AQUI LA GRABACION

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Bereshit 34:1

“Y salió Dina hija de Lea, que le nació a Iaacov, para ver a las hijas de la tierra. Y la vio Shejem hijo de Jamor el jivita líder de la tierra y la tomó y se acostó con ella y la violó.”

Esta historia trágica y dolorosa de la violación de Dina la podemos enfrentar a dos niveles. Comencemos por el revelado.
Tenemos aquí un acto salvaje de violación, y además de la violación de una israelita por parte de un no judío, un acto que obliga a acudir en su ayuda y salvarla. Shimón y Leví se tomaron a pecho este agravio y fueron a realizar una acción muy contundente, y pese a las críticas de Iaacov, los hermanos realizaron un acto de arrojo ejemplar y digno de admiración. (Como resalta el Rebe de Lubavitch, Shimón aprendió el fundamento principal en la educación para el cumplimiento de los preceptos, que hay cosas que tocan la esencia del alma, por encima de la lógica). Se podría decir que Shimón y Leví son los fundadores de la organización “Iad Leajim”, “una mano a los hermanos”, que se ocupa hoy de dolorosos casos similares a lo que le sucedió a Diná. Son los hermanos por excelencia.
¿Pero qué sucedió después de terminó la historia? Shejem y Jamor su padre ya no podían molestar más y tampoco el resto de los habitantes de Shejem… Entonces Dina es traída de nuevo al seno familiar. Terminó el hecho pero en absoluto es un punto final de la historia! Porque un acto de abuso produce una herida tremenda en la joven, una cicatriz profunda en su psiquis que debe ser tratada. A veces curar heridas como esas es más difícil que todas las guerras del mundo. ¿Cómo se puede reparar un corazón roto? En verdad, los sabios de bendita memoria dicen que Shimón, el hermano mayor de la historia, no se conformó con el rechinar de las espadas, también se ocupó verdaderamente por su hermana menor que no sabe cómo sobrellevar la desgracia, y la toma como esposa [por supuesto, esto era posible sólo antes de la Entrega de la Torá, cuando se prohibieron de manera absoluta el casamiento entre hermanos]! Aunque de acuerdo a otras opiniones Dina continúa hasta nuestros días dando vueltas por el mundo, rencarnándose…
Las Chispas se Elevan de las Cáscaras Impuras
Para llegar a una curación verdadera de un alma herida, tenemos que transportarnos desde el aspecto simple de la historia hacia niveles más profundos. Literalmente, lo que le hizo Shjem el hijo de Jamor a Diná es un acto horrendo sin ninguna duda, pero de acuerdo a la Cabalá surge que en esta historia hay cierta rectificación, dentro de esta caída hay un profundo motivo oculto, que Dios conduce con el fin de llegar a un objetivo determinado. Así el Arizal HaKadosh nos revela que aquí se trata de la elevación de las chispas y rectificación de almas. En algún lugar en las profundidades del alma vil y pecadora de Shejem hijo de Jamor, se esconde una chispa sagrada que hay que liberar de su prisión. Esa chispa puede salir de Shejem sólo al tomar contacto con Diná hija de Iaacov, y esto está insinuado en el verso ותדבק נפשו בדינה בת יעקב , “Y se apegó su alma a Diná hija de Iaacov” (Bereshit 34:3). La parte buena en su alma salío de él y se apegó al alma de Diná, hasta incoporarse dentro de la santidad de Israel.
El Arizal sabe identificar exactamente esa chispa escondida, el alma de rabi Janania ben Teradión, רבי חנינא בן תרדיון , uno de los grandes tanaitas que del grupo de los diez mártires del reinado romano, y eso está aludido en nuestro verso והארץ הנה רחבת ידים , “y la tierra es de mano amplia”, donde “amplia”, רחבת , son las iniciales del nombre del sabio rev Janania ben Teradión. Continua el arizal y revela las reencarnaciones del alma de Dina en las siguientes generaciones, y surge que una de sus rencarnaciones fue Avigail la esposa de Naval el carmelita que se casó después con el rey David, y nuevamente vuelve a rencarnarse en la esposa de Turnus Rufus (cónsul romano que cayo en desgracia) y que luego se casó con Rabi Akiva! Es decir, hay algo en el alma tan especial de Dina cuya tarea es pasar de un malvado a un justo, de Shejem hijo de Jamor a Shimón su hermano, de Naval a David y de Turnus Rufus a rabi Akiva, produciendo este pasaje una depuración y elevación de las chispas que estaban prisioneras y escondidas en las profundidades de la klipot.
Con las fuentes de información del Arizal no se puede discutir, pero de todas maneras, cuando uno se ocupa de este asunto, es importante ser precavido y prevenir: se trata de un beneficio que descubrimos vediavad, retrospectivamente; después de haber sucedido la caída se ve que también tiene un cometido, pero de ninguna manera se puede pensar que hay un permiso lejatjila, para ingresar premeditadamente a esos lugares prohibidos para elevar de allí las chispas (que por desgracia hay quienes se equivocan y hacen equivocar en nombre de la Cabalá).
Tres sendas para depurar las chispas
Vimos entonces, que Diná, contra su voluntad, se ocupa de avodat habirurim, la tarea depuración, que citamos en parashot anteriores como algo especial de Iaacov, pero por supuesto de una forma completamente diferente. Si queremos ser precisos, surge que la tarea de la depuración o rectificación se realiza a través de tres sendas diferentes:
Una es realizarla de una manera completamente conciente, perfecta de un principio, cuando la persona se ocupa de los asuntos del mundo con la intención conciente de elegir el bien y refinar lo que se puede refinar. Esta tarea completa es propiedad de los tzadikim, los justos como Iaacov Avinu, que no ven el cumplimiento de los precepto o evitar una trasgresión sólo un acto de depuración, sino también un acto voluntario de ellos, concientes de que “en todos tus caminos conoce a Él”. Por ejemplo, en todo alimento que un tzadik lleva a su boca tiene la intención de depurar la chispa sagrada que hay dentro de ese alimento (que “sale de la boca de Dios y le da vida), y elevarlo al utilizarlo para el servicio a Dios, y derivados. En este servicio, el tzadik está en “dominio absoluto”, promueve y actúa en la realidad y la lleva hacia la dirección correcta.
La segunda senda es las depuraciones que se realizan en una situación determinada en que me he arriesgado sin querer. Por ejemplo, puede salgo de viaje por motivos de negocios a un cierto lugar, y allí bendigo “que todo viene a ser con su palabra” sobre una taza de café, y luego me dicen: sabe que todo el viaje fue por providencia Divina para rectificar cierta chispa con esa bendición (por supuesto, en general no hay alguien que me diga esto, quizás después de los 120 años). Así explica nuestro maestro el Baal Shem Tov el verso “por Dios son dirigidos los pasos del hombre y su camino deseará”, “porque Dios bendito conduce a una persona hacia cierto lugar, por medio de algo que lo llama desde allí [lo que la persona desea o busca en ese lugar], pero “su camino deseará”, porque Dios quiere rectificar a la persona allí, elevar chispas sagradas en ese lugar, y eso es “su camino deseará”, que Dios desea su camino, y no aquello que la persona cree que va a buscar allí”. Esta senda pertenece a todo judío, pero se hace en forma automática, sin que sepa los detalles de la rectificación que se hace a través suyo, pero por supuesto conviene saber esta enseñanza del Baal Shem Tov y vivir concientes de que a todo lugar a donde vaya estoy produciendo algo.
La tercera senda es la que vimos en la historia de Diná, donde la persona cae dentro de una situación negativa y también en esto hay una intención Suprema que “causa las consecuencias” de realizar depuraciones, depuraciones tales que son imposible realizarlas de una forma normal. En el caso de Diná se trata de una violación, contra su voluntad, pero hay también casos donde la persona cae por su propio pecado, y a pesar de que su pecado se produce por su propia elección malvada, y le cabe la responsabilidad por sus actos y debe dar cuenta de ellos, de todas maneras en esta acción está escondida una finalidad oculta. Esto es algo en verdad difícil de decir (y como dijimos, hace falta mucha precaución para no salir del sendero de la Torá), y sobre esto está dicho “terribles son Sus actos sobre los seres humanos”. Los terribles actos que Hashem idea, utilizan también nuestras caídas, como seres humanos. “Y no se alejará de Él ningún alejado”, y en todo lugar donde cae el judío, incluso en el abismo más profundo, se encuentra algo que hay que rescatar y elevar, aunque puede ser que sólo cuando venga el Mashíaj se llegue a saber qué es.
Recordemos que en nuestra generación el rebe de Lubavitch dijo: “se terminó la tarea de la rectificación”, y respecto a nuestro tema podemos aclarar: terminó la tarea tendiente a la rectificación. Hoy es más beneficioso ocuparse más de “la tarea de la unificación”, avodat haijudim, (como explicamos en la parashat Toldot), relacionada con traer al Mashíaj, y menos “hacer un tema” de forma conciente con la rectificación. Por supuesto que todavía es preferible y bueno tratar de recibir fuerzas de los alimentos para servir a Dios con alegría (y de esa manera la comida se depura y se eleva), por supuesto que hay que tender a cumplir con “en todos tus caminos conoce a Dios”, pero la atención principal se dirige a un nivel diferente, unificar y conectar la realidad del mundo con la Divinidad (y así acercar la redención completa).
Tampoco las rectificaciones de la segunda clase deben ocupar demasiado lugar, no hay que viajar hasta el fin del mundo para decir una bendición (y por eso el mundo se transformó en un “pueblo global” y todo se encuentra al alcance de la mano), este asunto va llegando a su fin. Pero justamente las rectificaciones más difíciles, por medio de caídas, no finalizaron todavía, ya que vemos las caídas con nuestros propios ojos.
El plan de “terrible calamidad” todavía no terminó, hasta que se lleguemos por completo al final feliz de la calamidad, pronto en nuestros días.
El tratamiento del trauma de… Jamor
¿Cómo se relaciona todo esto con la curación psicológica de la persona violada?
Ante todo, comprender que también en la caída más terrible existe un objetivo y un propósito, hay una rectificación y una elevación. Saber esto es como “los primeros auxilios” del alma sufriente. Sabe que todo lo que te sucede y todo lo que te ha sucedido es por Providencia Divina maravillosa. No es que simplemente estás padeciendo en un mundo ciego que gira sin ninguna finalidad. También para tu dolorosa historia hay un lugar en el gran rompecabezas que está siendo armado por quien mora en las Alturas.
A pesar de que no tenemos la visión Divina del Arizal Hakadosh, que les decía a las personas cuál era exactamente su tikún de acuerdo a la raíz de su alma, pero tenemos el camino del Baal Shem Tov donde lo principal es la fe simple que en verdad todo lo que me sucede es por supuesto para bien, también para mi bien individual.
Pero para que esta curación actúe profundamente, y no sea un alivio mágico transitorio, hay que entrar en el la figura del burro, el jamor! En la historia de Dina, Jamor era el padre de Shjem, y da la impresión de que su nombre le agradaba (no como un cumplido)… Pero por dentro existe un significado más profundo para este burro. Sobre las palabras de Iaacov al principio de la parashá “tengo toro y burro” dicen los sabios “toro, es el Mashíaj ben Iosef. Burro, es el Mashíaj ben David”, porque sobre el Mashíaj ben David se dice “un pobre que monta sobre un burro”.
Existe el toro y el burro de la santidad, y en contraposición hay un toro y un burro de la klipá, de la impureza. Y está explicado en Jasidut que el toro expresa el calor, la potencia explosiva (como un toro negro y altanero que es mejor no ponerse en su camino…) y el burro expresa la frialdad, como está dicho en el Talmud que para el burro siempre hace frío, incluso en el calor extremo (“la época de tamuz”). El burro de la klipá es adishut, indiferencia, sentir frialdad frente a todo, una persona que hace lo suyo y toma todo tal como viene, incluso si todo va muy mal, un burro fornido que nada lo conmueve… Y está el burro de la santidad, es la misma indiferencia pero en un sentido positivo, como por ejemplo “kablat ol”, “aceptar el yugo Divino”, “Issajar es un burro fornido, que dobla su espalda por la carga [alabándolo!]”.
En nuestro contexto, la indiferencia positiva es la capacidad de recibir lo que me sucedió con sumisión, no impresionarme por la potencia de los sentimientos que amenazan devorarme, sino observar todo de una manera ‘fría’ y racional, que posibilita desconectarme de suceso tormentoso en sí mismo y verlo desde una perspectiva desde arriba.
Por supuesto es muy difícil para la persona herida misma ser frío como un burro frente a lo que le sucedió, por eso en general hace falta un tzadik, un médico del alma verdadero, que ayude a la persona a salir de la crisis y curarlo. Pero el tzadik que lo está ayudando tiene que ser un poco “jamor”, con la capacidad de relacionarse como con indiferencia con lo que sucedió, porque deja que lo aneguen sentimientos de misericordia e identificación, y entra también en la crisis, seguramente no podrá ayudar al herido… por el contrario, la verdadera misericordia hace que el tzadik se comporte como un burro frío (חמור , jamor tiene las mismas letras que רחום , rajum, “misericordioso”), conserve la mente fría y la calma, y así podrá llevar sosiego al alma sufriente que tiene delante suyo.
El Mashíaj ben David, “un pobre cabalgando en un burro”, es quien completará esta rectificación, traerá remedio a todos los heridos psicológicamente, y les dará una sensación verdadera y tranquilizante de que todas las caídas que les acontecieron, todas son para bien. 

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