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PARASHÁ MISHPATIM 5772
Mensaje del Rabino Itzjak Ginsburgh

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EL MÉDICO Y EL LADRON
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En la parashá de la semana, parashat Mishpatim, hay un verso que dice: si dos personas se pelean, una le pega a la otra y esta cae lesionada y luego se levanta, por haberlo dañado, entre otras cosas, debe pagarle los honorarios del médico, y está escrito ורפא ירפא , verapó ierapé, “y sanar sanará”. Pero esta expresión está escrita también respecto a otros detalles, además de éste en el que el agresor debe pagar los gastos médicos. Hay muchas otras cosas que aprendemos de “y sanar sanará”. En especial por estar escrito dos veces, un doble sentido. ¿Para qué hay que escribirlo así? A pesar de que hay muchos ejemplos de versos en la Torá donde se duplican las palabras, cada vez hay que entender el verdadero significado de, “Y sanar sanará”.
ורפא , verapó, “sanar” es una expresión de raíz “kal”, “suave”. ירפא , ierapé, es una expresión “kaved”, “dura” y en futuro. Entonces hay que entender también por qué primero suave y luego dura, como si primero hay una curación suave y luego una más dura. Hay que meditar en todo esto, entenderlo, qué es “sanar sanará”.
Dicen los sabios que “de aquí se le dio el permiso al médico para curar”. No está ligado a la historia particular que se cuenta aquí en la Torá, del agresor que golpea. Es algo totalmente general respecto a la medicina, que hay un permiso. Podría haber pensado que quizás sólo Dios puede, y sólo está permitido implorar, rogar, rezar a Dios que me cure, pero no ir al médico. Quizás si voy al médico es porque no confío en Dios, hay todo tipo de desconfianzas, pensamientos, que podría pensarse está prohibido ser curado por un hombre, y por eso la Torá tiene que decir que hay permiso.
De momento que hay permiso, está escrito que también es una mitzvá del médico, e incluso una obligación. Que si un médico es verdaderamente experto y puede curar, o se considera como el precepto de “devolver lo perdido”, como si yo hubiera perdido la salud y el médico tiene en su mano ayudarme, entonces está cumpliendo el precepto de “devolver lo perdido”, como está escrito “y le devolverás”, como sostiene el Rambam y otros. Y también está el precepto de “no te pares sobre la sangre de tu hermano”. Si ves a tu compañero que se ahoga en el agua, estás obligado a saltar al agua y salvarlo, por eso hay un precepto de curar e incluso es una obligación sagrada del médico.
Ahora, también en nuestra parashá, además del precepto del médico, la autorización que se le dio al médico de curar, “y sanar sanará”, hay también muchas halajot respecto a los ladrones, la prohibición de robar. Uno de los más grandes justos, Rabi Zusha de Anipoli, alumno del Maguid de Mezeritch el continuador del Baal Shem Tov, dice que nosotros, que servimos a Hashem Bendito Es, debemos aprender 7 cosas del ladrón. Por supuesto no ser ladrones, pero del ladrón, así como de todas las cosas del mundo, tengo que aprender una enseñanza, y de los ladrones hay 7 cosas importantes que tengo y debo aprender. Y si comparamos esas cosas con las cualidades, los sentimientos del corazón, entonces es así:
Tengo que aprender a ser rápido como un ladrón. El ladrón trabaja rápido, no lentamente. Pobre de él si trabajara despacio. Tiene que terminar la tarea lo más rápido posible. Entonces esto se llama rapidez. Esto es lo primero que aprendemos del ladrón.
Lo segundo que aprendemos del ladrón: se pone en peligro. No es seguro lo que hace, es muy peligroso si lo atrapan, por supuesto. Hay lugares en que no sólo lo apresaban y lo encerraban en la cárcel, hay lugares en que matan a los ladrones, entonces es muy peligroso ser ladrón. Pero a pesar de esto, toma el riesgo y se pone en peligro.
Luego está la naturaleza. Quien tiene un verdadero “talento” para robar. Nuevamente, como está dicho “porque de él tomaremos servir a Dios”. Hay que tomar también del otro lado, del mal, aprender de él cómo se sirve a Hashem bendito Es. Para el ladrón, lo más pequeño, la cosa más insignificante es importante como algo grande: quien ama robar, ama todo, tanto lo pequeño como lo grande, no hay diferencia entre ellos, “valora y le da igual, pequeño o grande”. Esto es lo tercero que aprendemos del ladrón, todo artículo pequeño es importante.
Luego hay una cuarta cosa: aprendemos del ladrón que además de ponerse en peligro, va con mucha confianza. Confía. Si no hubiera confiado y esperado tener éxito, no se hubiera puesto en peligro. Entonces hay dos cosas, relacionadas aunque son diferentes, que es capaz de ponerse en peligro, pero confía en el alma, en el corazón, que saldrá de esto con éxito, a su manera.
Lo quinto que aprendemos del ladrón es que “pone mucho empeño”. Quien es ladrón y tiene que programar un asalto, puede invertir en esto toda su energía, toda su inteligencia, y trabajar muy duro para triunfar en su robo. Así, hay que aprender que una persona que tiene una misión en la vida tiene que simplemente trabajar muy duro, invertir toda su fuerza en su empresa. Es la quinta cosa aprendemos del ladrón.
La sexta cosa que aprendemos del ladrón es que trabaja con “andar modesto”. Como ya dijimos, además de que el ladrón es ligero, actúa lo más rápido posible, también debe hacerlo con mucha discreción. Por supuesto que nadie se entere. Entonces hay algo instintivo en su psicología que lo hace ser una persona discreta, de “andar modesto”.
Lo último que aprendemos del ladrón, es que si no le fue bien, si no lo logró la primera vez, lo repite muchas veces, vuelve una y otra vez. No se da por vencido. Sabe que está prohibido bajar los brazos. Entonces aprendemos del ladrón que nunca se da por vencido. No le funcionó una vez entonces la próxima noche, como trabaja en forma discreta. Quien trabaja de manera discreta lo hace en general por la noche, que es cuando trabaja por lo general. No le funcionó esta noche, tiene otra noche, mañana por la noche y otra noche probará de nuevo, hasta que tiene éxito. Así es el cerebro, así es la psiquis, la mentalidad y la psicología del ladrón.
Ahora, como aprendemos 7 cosas del ladrón, y en la Torá hay una continuidad entre los ladrones y el verso de “sanar sanará”, que “de aquí se le da permiso al médico para curar”, quizás hay una conexión entre ellos. Ahora, en verdad, si meditamos se puede aprender justamente del médico y de “sanar sanará” todas las equivalencias. Todo lo que dijimos respecto a este ladrón, que tiene relación con cada uno de nosotros de acuerdo a su tarea, y de manera especial se puede entender qué conectado está con el médico, el buen médico.
Entonces en resumen recorramos esto: un buen médico tiene que tener manos hábiles para trabajar, en especial si es cirujano, por ejemplo, tiene que hacerlo llano. Es decir, no tiene que apurarse, ser atolondrado, pero hace falta ligereza, en todo tratamiento. Y también hay que ser ligero y no perder el tiempo. Si alguien está enfermo, si no lo atiende inmediatamente, hay situaciones críticas que si no lo haces ya puede haber peligro de vida, quién sabe lo que pasará en un minuto, en dos minutos. Entonces, un médico que valora la vida y sabe que puede estar en el platillo de la balanza, debe trabajar muy rápido. Entonces el médico tiene que ser rápido. Entonces la expresión “y sanar sanará”, esta expresión doble se la puede entender como un énfasis en curar lo más rápido posible. “sanar sanará”, ya y con rapidez.
Respecto a lo segundo que aprendemos del ladrón, que se pone en peligro, está escrito que si el médico no tiene éxito, y en vez de revivir al enfermo, Dios no lo permita, puede suceder lo contrario, entonces el médico tiene que rendir cuentas. No es simple. Tanto es así que hay un conocido dicho de los sabios “el mejor de los médicos al infierno”. Quien se confía de ser un médico experto y a causa de eso se descuida, y algún paciente puede morir, ese médico debe saber que tiene que pagar por eso. Como está dicho “el infierno está abierto ante ti”. Pero de todas maneras esto no te libera de ponerte en peligro. Es peligroso ser médico, como en todo, al igual que un soldado, un comandante del ejército. Es peligroso, y si te equivocas puede ser fatal, tanto para el paciente como espiritualmente para ti. Pero de todas maneras tiene que arriesgarte. Nuevamente, aunque sea peligroso para el paciente y para ti, “y sanar sanarás”. Cada una de estas cosas explica por qué está escrito dos veces.
Lo tercero que aprendemos del ladrón, algo pequeño es importante como algo grande. ¿Cómo es con el médico? Respecto al médico, no siempre se puede curar la causa del problema, pero hay que tratar los síntomas. Así, está el médico que no quiere ocuparse. Si no puede curar de raíz, hay muchos casos como este, entonces es una pérdida de tiempo. ¿Cuál es la tercera cualidad? La misericordia, quien se apiada del prójimo, de su amigo, de todo, porque está también el sufrimiento del animal. Apiadarse, no puedo ver sufrimiento. El רופא , rofé, es la cualidad de misericordia. ¿Por qué alguien elige esta profesión, ser médico? El origen de la medicina en Cabalá es la cualidad de misericordia. Se apiada, porque no soporta el sufrimiento. Y si no soporta ver a alguien sufrir, entonces aunque sea lo puede ayudar un poco, disminuir un poco el sufrimiento, su dolor, solo tratar un síntoma. Por supuesto hubiera querido curarlo completamente, cien por ciento. Pero también en caso de no poderlo curar completamente, al menos disminuir su sufrimiento, también pone todo su esfuerzo en esto, porque en verdad se conmisera, tiene misericordia por el prójimo. Esto es misericordia, rajamim, רחמים , que algo pequeño es tan importante para él como algo grande.
Luego está el hecho de que confía y espera. Es simple, si el médico no confiara, -dijimos que esto se relaciona con quien se pone en peligro-. Si confía en la fuerza que Dios le da, justamente en este verso “y sana sanará” del cual se le da el permiso al médico para curar, y confía que recibe esto de lo Alto, “y sanar”, o sea que recibe la fuerza de lo Alto y confía en “Porque Él es Quien te da la fuerza para triunfar”, entonces sin esto no puede ni siquiera empezar el asunto. Esto significa que confía y tiene esperanza. Por supuesto, el médico tiene que afanarse muchísimo, “trabajar con mucho esfuerzo”.
El médico tiene que tener modestia. Lo menos posible “yo”, y lo más posible “es El Santo bendito es”. No pensar que soy “el mejor de los médicos”. Uno de los significados de “el mejor de los médicos al infierno”, es que se considera el mejor de todos. No, no es el mejor.
Y por último, el último es el más querido, si no te funciona una vez, no te desanimes, eres un médico, hay que repetirlo muchas veces como el ladrón.
Entonces, así en forma muy resumida comparamos entre el médico y las siete cosas que el Rebe Susha nos dice “aprender del ladrón”.
Entonces, que logremos tomar todas las chispas buenas de todos, e incorporarlas en lo sagrado, entregando la vida para ayudar a otro judío, a otro ser humano “y viene el redentor a Tzión”.

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